jueves, 27 de octubre de 2016

Creencias Extrañas: El libro de Mormón


El Libro de Mormón es un texto sagrado de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días y la mayoría de otras iglesias mormonas. De acuerdo con los primeros relatos del origen del libro, su contenido se deriva de inscripciones en un conjunto de antiguas "placas de oro" dadas a José Smith, hijo, en 1827 por un ángel misterioso llamado Moroni. Smith dijo que este ángel recuperó las placas de un depósito de piedra que había sido enterrado en una colina cerca de la ciudad estadounidense de Palmira, Nueva York. Aunque las inscripciones en las placas estaban en un idioma desconocido, Smith fue finalmente capaz de traducirlas al inglés y publicarlas en un libro. Después de que terminó la traducción, regresó las placas al ángel misterioso, y nunca se han vuelto a ver.

El libro, que fue publicado en 1830, describe la historia de un antiguo grupo de hebreos que viajó desde Jerusalén a América en el año 600 A.E.C. Algún tiempo después de su llegada, se dividieron en dos grupos. Un grupo, llamado los lamanitas, abandonaron su antigua religión hebrea y se convirtieron en los ancestros de los indígenas de América. El otro grupo, los nefitas, mantuvieron la antigua religión y crearon una gran civilización. Con el tiempo estos nefitas fueron visitados por Jesús, quien les dio muchas enseñanzas y profecías. Más tarde, después de que Jesús había regresado al cielo, los nefitas hicieron una guerra contra los lamanitas, y por último, toda su civilización fue aniquilada en el año 400 E.C., aproximadamente.

Sin embargo, dos de los últimos sobrevivientes nefitas, un profeta llamado Mormón y su hijo Moroni, crearon una historia de todo lo que había sucedido y la inscribieron en un conjunto de placas de oro. Moroni puso las placas en un depósito de piedra con algunos otros artefactos y lo enterró en el suelo cerca de la ubicación actual de Palmira, Nueva York. Enterró la caja alrededor del año 420 E.C., y murió poco después. Pero más tarde fue resucitado como un ángel, y fue en esta forma que se apareció a Smith en la década de 1820 y le dio las placas.

Las descripciones de las placas dicen que eran aproximadamente de 8 pulgadas de largo, 6 pulgadas de ancho, y lo suficientemente delgadas para ser flexibles. Las estimaciones de su peso total variaban de 30 a 60 libras. Al parecer, su composición nunca fue determinada, pero su color y otras características físicas sugieren que probablemente eran, ya sea de oro puro, o de una aleación de oro con otro metal. Se mantenían unidas a lo largo de uno de los bordes por tres anillos de plata, y esto les permitía ser hojeadas como las páginas de un libro.

Las placas estaban grabadas en ambos lados con extrañas inscripciones. Pero Smith pudo traducirlas al inglés mediante el uso de lo que llamó "piedras videntes". Estas eran pequeñas piedras redondeadas con propiedades mágicas que le permitieron mentalmente visualizar una traducción correcta de las inscripciones. Por desgracia, su traducción de la primera parte del libro se perdió y nunca fue publicada. Además, no pudo traducir todas las placas porque un grupo de ellas era "sellado" y no podía ser abierto. Dijo que este grupo de placas contenía una revelación especial de Dios que se revelaría al mundo e un tiempo futuro desconocido.

Inicialmente Smith no dejaba que nadie más viera las placas, aunque en una ocasión, supuestamente, las envolvió en una toalla y permitió que unos pocos individuos las sostuvieran brevemente de esa manera. Finalmente, después que varias personas expresaron dudas sobre su existencia, decidió mostrarlas a algunos conocidos. En total las mostró a once hombres, conocidos como los testigos del Libro de Mormón, quienes más tarde brindaron testimonios escritos declarando que habían visto las placas. Pero no está claro si estos testigos realmente vieron las placas reales o solamente vieron una "visión" de ellas. Y puesto que Smith  dijo que más tarde regresó  las placas al ángel Moroni,  la verificación independiente de su existencia no es posible en la actualidad. Muchos mormones creen que las placas se mantendrán ocultas hasta que haya llegado el momento para mostrar a la humanidad la sección sellada que contiene la revelación especial de Dios.

Esta pintura de C.C.A. Christensen muestra a Joseph Smith, hijo, recibiendo las placas de oro del ángel Moroni.

(Traducido por Baneste, del libro Weird Beliefs, del autor Barry Wilson).

lunes, 24 de octubre de 2016

Uso de la Raya en Español




La raya, también conocida como guion largo, es uno de los signos ortográficos del idioma español cuyo uso ha ido desapareciendo de las elaboraciones de muchos escritores contemporáneos que favorecen la conveniencia al esfuerzo por presentar de mejor manera los materiales escritos. Esto se debe a que en las computadoras de escritorio, portátiles y de bolsillo, el teclado es el correspondiente al idioma inglés, el cual no contiene este signo, y aunque puede generarse utilizando alguna combinación de teclas, muchas personas no se esfuerzan por lograrlo, prefiriendo utilizar el guion corto o el signo de la resta.

La raya o guion largo (—) es un signo de ortografía que está formado por un trazo horizontal de mayor longitud que el guion corriente. Este signo se usa en español para indicar aclaraciones o comentarios en un texto. En este caso, la raya debe indicarse tanto al principio como al final del inciso, separado del exterior del comentario por un espacio, pero pegado al texto del comentario. Este uso coincide con la coma y con el paréntesis, si bien se diferencia en el grado de relación entre la aclaración y el texto, siendo mayor en el caso de la coma y menor en el del paréntesis. Igualmente el uso de la raya al final de una oración no exime del uso del punto o de otros signos de puntuación. También se usa para señalar un comentario en el interior de un paréntesis o en una cita entre comillas.

En una frase —un inciso con rayas— se escribe así (incluso dentro de paréntesis —como este—).

Pero el uso más importante de la raya es para señalar las diferentes intervenciones de los personajes en texto dialogado en el que no se indican los personajes:

    —Hola, ¿qué tal?
    —Bien, ¿y tú?

En un texto dialogado también se usa para señalar comentarios del narrador. En este caso si el comentario del narrador no es seguido inmediatamente por la intervención de ese mismo personaje no ha de colocarse una raya al final. Si el discurso hablado continúa tras la acotación, el signo de puntuación correspondiente se debe escribir tras la raya de cierre del comentario, ya sea un signo de puntuación perteneciente al diálogo o un punto del inciso del narrador. Si el comentario se introduce con un verbo de habla, éste comienza por minúscula; en cualquier otro caso, la intervención del personaje ha de terminar en punto y el comentario ha de comenzar por mayúscula.

    —Si quieres puedes venir —dijo sonriendo.

    —Bueno —dijo apoyándose en la puerta—, si no te molesta...
    —¡Claro que no! —La tomó de la mano y tiró de ella—. Tú nunca molestas.
    —¡Cada día está todo más caro! —gritó, tratando de poner los ojos en blanco—. Y esta papaya, ¿cuánto vale?
   
En el sistema Windows, la raya se introduce usando la combinación simultánea de las teclas Alt+0151.

martes, 18 de octubre de 2016

El Domingo de Ramos




Y al través de los siglos, la vieja profecía se cumplió. El que debía VENIR: el Rey, anunciado por Zacarías, llegó. Aquél que destruiría los carros de Ephraím, y los caballos de Jerusalén; aquél que quebrantaría los arcos de guerra, y hablaría de paz a las gentes; aquél que extendería su poder de mar a mar, y desde el río hasta los confines de la tierra, llegó. Y los carros de Ephraím fueron destruidos, y asimismo los caballos de Jerusalén; y los arcos de guerra se hicieron mil pedazos; y los hombres oyeron hablar de paz; y el Señorío de Dios se extendió de mar a mar, y floreció por todos los confines de la tierra. La Buena Nueva se cumplía... Y en ese día anunciado por el adusto profeta, Jerusalén se regocijó. Y la hija de Sion, tostada por el sol, salió engalanada a su encuentro, y recibió a su Rey de Siglos, a su Rey Único sobre Todos, con ramos de olivo y haces de palmas que ondulaban y crujían al viento de la Mañana memorable. Jerusalén reía y cantaba.
Jerusalén estaba de fiesta. Y al paso del Redentor, los labios clamaban con entusiasmo:
— Hosanna:
Bendito el que viene en nombre del Señor:
Bendito el reino de nuestro padre David, el cual viene:
¡Hosanna en las alturas!
Y los hosannas eran multiplicados por el eco, y resonaban hasta en las oquedades de las montañas más lejanas, como himnos de triunfo al paso de un Vencedor.
**
Y fue de Betania, de casa de Simón el Leproso, de donde el dulce Jesús salió para Jerusalén aquella mañana. Allí había pernoctado, de vuelta del desierto de Judea, a donde, solo con su Padre Celestial y con su alma, se había retirado a hacer penitencia. Y allí, a la mesa de Simón el Leproso, entre los discípulos del Profeta de Nazaret, estaba Lázaro el Resucitado. Y en los ojos de Lázaro, que venían del otro mundo, que se sentían deslumbrados todavía ante la radiosa visión de ultra-tumba, se reflejaba toda la Gratitud, y toda la Adoración se encontraba.
María, hermana de Lázaro, servía la mesa. Y nuestro Señor, paternal y bueno, partía con sus propias manos y distribuía el pan, que era su cuerpo. Y bendecía el vino, que era su sangre. Y sonreía a sus discípulos. Y les hablaba de su reino, que no era de este mundo, y de su Padre, que estaba en los cielos.
Entonces fue cuando María, hermana de Marta y de Lázaro, y que sentía por Jesús una pasión filial, tomó un vaso de ungüento de nardo y arrodillándose ante Él, ungió sus pies, lastimados por la caminata, y los secó enseguida con el manto de su cabellera, más fino y más delicado que el
más fino y más delicado de los linos. Y Jesús dijo a Judas Iscariote, hijo de Simón, que contemplaba con ojos de perfidia la conmovedora escena: — «Déjala: para el día de mi sepultura ha guardado esto». Y al oírlo, los discípulos se entristecieron, y los ojos de las mujeres se humedecieron de lágrimas. Y el aroma delicado del nardo llenaba toda la estancia, ahogando el de las humildes viandas. Y las almas de los circunstantes se enternecían más y más. Y los ojos se fijaban en Jesús con amor cada vez más grande. Jesús era el Hijo de Dios, el que venía a salvarnos.
Y mientras hablaba, los ojos del Divino Salvador se clavaban en el marco de cielo azul que recortaba la ventana, y en el lomo pétreo del desierto que se confundía con él en las lejanías ardientes de Judea.
* *
Y fue de Betania, de casa de Simón el Leproso, de donde, el hijo de David, salió la mañana de aquel Domingo, rodeado de sus doce discípulos. Y cuando después de mucho caminar, hubo llegado a la cima del monte de los Olivos, descansó a la sombra de los árboles. Y vio a lo lejos, más allá del ancho valle del Hebrón, a Jerusalén, tendida a sus pies, cubriendo sus cinco colinas con la tupida aglomeración de sus cúpulas y sus terrazas, de sus palacios y sus torres. Y vio sus altas murallas formándole como un formidable cinturón de piedra. Y sobre la planicie del Monte Moriah, hecha por David, vio el inmenso cuadrilátero, las filas de columnas de mármol,
las monumentales puertas de bronce, rematadas por sus torres de defensa; las innumerables placas de oro bruñido, los extensos patios adoquinados de piedras polícromas; los severos pórticos y las techumbres de madera de cedro esculpido del templo de Salomón. Y vio el Ofel y el Monte de Sion, y el Atcra y el Betzheta, formarle anfiteatro a las inmensas construcciones del Templo de su Padre. Y vio las almenas y los torreones del Palacio de Herodes. Y vio la torre Antonia. Y más allá, pelada como la calva de un Rabí, la cumbre del Gólgota, que Él fecundaría y glorificaría con su sangre derramada. Entonces el Dios-Hombre lloró. Lloró amargamente. Y su honda lamentación la llevaron los vientos sobre sus alas por todos los cuatro puntos cardinales. Y la sombra piadosa de los olivos, como pañuelo de encajes, enjugó sus lágrimas. Y mientras tanto, el Sol, incendiando la ciudad, dábale prestigios deslumbrantes, faustos mayestáticos, en medio de los que ella se erguía, con soberbia de fortaleza inexpugnable, ante la mirada húmeda del que, con sólo un gesto, hubiera tenido bastante para echar por tierra todo aquel vano poderío.
Y el Divino Galileo descendió al valle del Hebrón. Y ya en él, dijo a sus discípulos: — «Id a la aldea que está delante de vosotros, y luego hallaréis una asna atada y un pollino con ella; desatadla y traédmelos». Y los discípulos fueron a Bethfagé, y trajeron la asna y el pollino de ella; y a falta de ricas gualdrapas, pusieron sus pobres mantos; y Jesús montó en ella, y el pollino la siguió detrás, moviendo sus largas orejas peludas y espantándose con la cola las moscas de sus ancas.
Y la compañía del Nazareno, engrosábase cada vez más. Tendían sus mantos sobre el polvo para que sobre ellos pasara; y agitaban palmas de triunfo en las manos, y cortaban ramas de los árboles, y despenicaban las hojas de ellos, y buscaban flores modestas para azofrar el camino, o tejer guirnaldas.
Y la ola de gente se precipitaba delante del QUE LLEGABA, y clamaba llena de júbilo, agitando los brazos, como millones de banderas:
— Hosanna.
Hosanna el que viene en nombre del Señor:
Hosanna el reino de nuestro padre David, el cual viene:
¡Hosanna en las alturas!
Y el Rey de Siglos, el Rey Único sobre Todos, profetizado por Zacarías, hijo de Berechías, hijo de Iddo; el Gran Rey, tranquilo y dulce, cuyo Reinado no es de esta tierra, entró en Jerusalén.
Y en su mirada triste, húmeda todavía por las lágrimas derramadas, y en las que todo un crepúsculo de melancolía se ahogaba como en un cielo desteñido, había una misericordia infinita, una piedad inagotable. Y sus cabellos blondos caían sobre sus hombros formándole un nimbo de miel inflamada. Y sus labios sonreían con inefable sonrisa. Y su cara toda brillaba como una gran rosa después del aguacero. Y su palabra fluía, acariciante y arrulladora, como veta de agua montañera de lo hondo de la roca carcomida. Y las palmas agitábanse en torno suyo, formando un tupido bosque de oro que rutilaba. Y su mano, levantada como un asta salvadora por sobre su cabeza, bendecía a los que a su paso se arrodillaban sobre el polvo. Y esa mano levantada, se diafanizaba al sol que la acariciaba con un largo beso piadoso, hasta llegar a la finura transparente de la pasta de las ostias.
Y entró en Jerusalén el Mesías anunciado.
Y en aquel momento, la Era de la Bondad, de la Dulzura, del Consuelo, de la Gracia, de la Sencillez, de la Misericordia, de la Pureza, se inició, entre un estupendo coro de alabanzas y de canciones, y un tupido bosque de palmas agitadas al suave viento de la Mañana memorable.

Abril de 1905.

(Tomado del libro Marginales de la Vida, de Arturo Ambrogi).

domingo, 16 de octubre de 2016

Micronotas de Información no muy Conocida

Por Baneste




El pasado mes de septiembre el gobierno de la república de Uruguay decidió terminar su participación en las negociaciones secretas del Acuerdo en Comercio de Servicios, conocido como TISA (Trade in Service Agreement), señalando la ruta a seguir por otras naciones que no quieran ser parte de malos tratados de comercio, y marcando una victoria importante en la lucha global contra dichos acuerdos comerciales. El TISA es un nuevo tratado, impulsado fuertemente por Estados Unidos y grandes corporaciones, cuyos objetivos van más allá de las regulaciones actuales y pretende forzar a los estados signatarios a abrir aún más sus mercados a corporaciones transnacionales, a privatizar los servicios públicos y a reducir controles. Dichas medidas con frecuencia se traducen en pérdida de empleos, menos protección del medio ambiente, y menos acceso al cuidado de salud y a la educación.
La determinación del gobierno de Uruguay fue el resultado de una efectiva campaña de oposición al tratado desarrollada por una fuerte coalición de sindicatos, activistas del medio ambiente y agricultores, que fueron capaces de oponerse a los intereses de las compañías más poderosas y triunfar. El poco divulgado TISA está siendo negociado por varios países que en conjunto representan dos terceras partes de la economía global: Estados Unidos, la Unión Europea y 23 naciones más, incluyendo Taiwán, Turquía, México, Australia, Chile, Costa Rica, Paraguay y Pakistán.

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El pasado mes de abril ocurrió un suceso muy trascendental que ha sido ignorado por todos los medios de comunicación masiva, pese a su importancia. En el Vaticano se desarrolló una conferencia sobre la “teoría de la guerra justa” que ha sido parte de la enseñanza social de la iglesia católica por cerca de 1700 años. El planteamiento de que la guerra puede ser “justa” ha sido usado para legitimar una larga lista de conflictos brutales desde que fue articulado por Hugo Grotius y otros juristas en el siglo XVII; pero los esbozos esenciales de dicha teoría habían sido trazados desde mucho tiempo antes por pensadores religiosos como San Ambrosio y San Agustino.
La mencionada conferencia convocada por el Concejo Pontifical para la Justicia y la Paz, y Pax Christi Internacional, contó con el estímulo entusiasta del Papa Francisco, y reunió a 80 participantes provenientes de Africa, Asia, Europa, el Medio Oriente, Australia y América. Al final de la conferencia que se prolongó por tres días, el grupo encomendó al sumo pontífice escribir una encíclica con el objeto de retirar a la iglesia católica de la doctrina de la “guerra justa” y acoger un compromiso de “paz justa”, enraizando la política futura de la iglesia en el principio de la no violencia.

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Una nueva variedad de manzana genéticamente modificada fue aprobada para ser comercializada en Estados Unidos por el Departamento de Agricultura (USDA). La manzana Fuji Ártica de la empresa Okanagan Speciality Fruits ha sido modificada para que su corteza no se oscuresca al ser partida, tal como ocurre con las manzanas normales. “Compañías alimenticias y restaurantes, cultivadores de manzanas y consumidores no quieren manzanas OGM. Sin embargo, esta compañía las está introduciendo”, dijo Ken Roseboro, editor de “The Organic & Non-GMO Report. En Estados Unidos, casi el cien por ciento del maíz que se comercializa es genéticame modificado, igual que la remolacha y la soya; pero la gente que consume estos productos no tienen manera de saberlo porque no están viñetados como tales.





sábado, 15 de octubre de 2016

Visitar Joateca-Morazán: un punto de vista y reflexionar

Dic.22, 2015
LA JOYA DE EL SALVADOR[1]
                                                                                                Por SIR LUAL
“Nuestro principal propósito en esta vida es ayudar a otros. Y si no puedes ayudarlos, al menos no les hagas daño”
  Dalai Lama

Queridos amigos, un día de tantos en este mes de diciembre realicé un viaje que debía hacer al oriente de nuestro país, al pintoresco lugar de Joateca, Morazán, El Salvador.  Viajaba con mi mente y corazón abiertos a disfrutar la experiencia de lo que encontrara.  Decidí viajar con José Pueblo de principio a final, y encontré cosas maravillosas, así como cuadros que deben mejorarse, muchas de los cuales fueron un reto para mí, pero especialmente un llamado a la reflexión sobre la realidad que vive nuestra gente en este país nuestro llamado El Salvador.
El viaje se inició cuando todavía era obscuro por la mañana. La frescura de la mañana quizás no sólo agudizó mis oídos y mi vista, sino que tocó mi corazón y me llenó de una gran paz interior porque luego empecé a mirar un mundo muy lleno de vida vibrante y de mucha música en la algarabía de las personas.  Era muy impresionante la vida pujante con que se inicia el día, un día de tantos en el quehacer diario de nuestro pueblo, que se mueve con energía para ganar unos “quarters” y proveer el pan para sus familias.
Encontré viento, polvo, bullicio, amistad, ocasionales miradas furtivas; pero, sobre todo, encontré la joya más valiosa, pero quizás no la más preciada en nuestro país: nuestra gente, nuestro pueblo, que es el recurso más valioso, y que debería ser el más preciado con que cuenta nuestro país.  Creo que todo aquel que se nombre ser salvadoreño debe descubrir esa joya y hacer algo por pulirla y hacerla brillar, en particular aquellos en posiciones de poder para tomar decisiones que afectan a muchos.
¿Cómo podemos todos los salvadoreños darnos cuenta de esta joya que poseemos? Me preguntaba.  La primera respuesta que a mi mente vino fue, que cada uno debemos aligerar nuestra carga, despojándonos del egoísmo que nos consume, dejar de pensar sólo en nosotros egoístamente, dejar de pensar en cómo llenar más de dólares nuestros bolsillos.  Entender profundamente que el dinero no nos hace felices, que sólo es un medio para satisfacer necesidades mientras estamos vivos.  De ello, nada nos llevamos cuando el día de irnos llega, y sólo nos llevamos el bien que hayamos hecho, incluso con el dinero. Pensé con mucha tristeza de como el dinero siempre ha sido un medio que ha corrompido fácilmente al ser humano a través de todas las edades, y El Salvador no es la excepción.  Esta reflexión me hizo recordar algo que escribí hace un par de años atrás: que los gobiernos están allí para promover, crear y facilitar las condiciones para que la sociedad se desarrolle en todo sentido y alcance su destino, el gobierno no está allí para nada más.
Pero mi conclusión final es que para que cada uno de nosotros descubra la joya, nuestro pueblo, y contribuya a pulirla y hacerla brillar, tiene que descubrir esa joya dentro de sí mismo primero.  Tiene que darse cuenta que él / ella no es una persona aislada, sino que es parte de esa misma joya, es parte del todo, y que todos juntos conformamos esa joya. Debo admitir que esto va más allá de superar el egoísmo personal que todos cargamos dentro solamente, sino que es un cambio revolucionario que cada persona debe realizar en su jornada de la vida y así aligerar su carga.  Sin embargo, es imperante tener satisfechas nuestras necesidades básicas primero, y facilitar de esta manera, el llevar nuestra atención hacia nosotros mismos y descubrir nuestro propio tesoro interior.

La Mujer que sufre.
El estado de inmovilidad en el asiento me saca de mi reflexión, tomo un poco de agua, luego intento entablar conversación con la persona sentada a la par mía, una señora bastante joven y muy atractiva.  Después de hablar sobre el objetivo del viaje de cada uno, gradualmente la conversación es llevada a asuntos más personales de nuestras vidas en particular.  Deseo aclarar que durante toda mi vida siempre he sido más escuchador que hablador, por alguna razón las personas tienden a confiarme o consultarme sobre asuntos muy personales.  El fondo de la historia es el de la mujer salvadoreña, que por necesidad y/o daños psicológicos causados por el maltrato del esposo, tolera que su pareja mantenga otras relaciones maritales, permite golpizas, y vive bajo el sueño de abandonarlo, pero nunca lo hace porque ignora que ella ha creado algún tipo de dependencia al problema.  ¡Caramba! Pienso, no hemos cambiado, siempre la misma historia de nosotros los machos, que creemos que somos más machos mientras más mujeres tengamos, que la hombría se demuestra de esa manera: pegándole a la mujer y teniendo muchas otras.
Cuando me percato que nos acercamos a la ciudad de Gotera, hago una pregunta a la dama,
- ¿Elena, cree usted que lo que su esposo hace, es intencionalmente para hacerle daño a usted? 
Después de una pausa, ella categóricamente dice,
- ¡No, no creo! Su padre lo hizo también, así que mi esposo lo lleva en la sangre, lo heredó de su padre.
-Entonces es un ciclo vicioso de abusos. ¿Cree que haya alguna forma de cortar ese ciclo? De igual manera Elena categóricamente contesta:
- ¡Si!  Él necesita ayuda, mucha ayuda.  Imagínese que el muy sin vergüenza ya es un viejo que hasta pastillas toma para hacerlo, y ahora hasta tiene problemas de presión.
- ¿Acaso ya han hablado ustedes de buscar algún tipo de ayuda, como consejería para parejas por ejemplo?
- ¡Si! Ya lo hemos hablado, pero él dice que vaya yo, que él no necesita eso.
- ¿Siente usted que todavía lo ama, aunque sea un poquitito?
-Pues, fíjese que yo creo que sí. Si sólo dejara a la mujer, creo que todo fuera diferente.  Pero fíjese que esta es sólo una de tantas que ha tenido, pero con esta ha durado más.
- ¿Cree que se puede salvar su matrimonio, Elena, aun con las dificultades que me dice?
-Yo creo que sí, eso es lo que yo quisiera.
Yo tengo que dejar el bus antes que Elena, y el punto de mi bajada se acerca.  Así que no hay tiempo suficiente de ahondar en detalles, entonces tratando de dar lo mejor que puedo digo:
-Mire, Elena, disculpe que diga esto, pero creo que usted sin quererlo ha estado alimentando esa conducta de su esposo. Usted ha estado reforzando positivamente esa conducta con cada discusión y pleitos sobre el problema. ¿Sabe lo que es reforzar positivamente algo?
- ¡Si!  Yo sé que es eso.
 -Entonces, si siente que todavía lo ama, y dado que usted sabe con certeza de la relación extramarital de su esposo, de ahora en adelante le va dar vuelta a la moneda.
- ¿Cómo así?
Cuando su esposo regrese todos los días y en todo momento del día, ponga atención a las cosas buenas que él haga, intencionalmente haga a un lado el problema y háblele de todo lo bueno que haga o diga, aun de pequeñas cosas, aunque parezcan insignificantes.  De esta manera usted va a reforzar positivamente los aspectos buenos de él.  Todo aquello que usted quiere que su esposo sea, imagíneselo, siéntalo y véalo cómo usted quiere que él sea, y así será. En su momento oportuno, hablen de consejería para parejas de nuevo.
- ¿Cree que lo puede hacer, Elena? ¿Cree que vale la pena el esfuerzo?
- ¡Uumm!  No creo que sea fácil, pero ¡Sí, lo puedo hacer!  ¡Sí, vale la pena! Dice ella enfáticamente.
- ¡Sí vale la pena el esfuerzo!, Elena.  Mire, a mi edad, uno se da cuenta que la vida es corta, que el tiempo ha pasado tan rápido, y la vida se pasó sólo en conflictos.  Cuando uno se da cuenta que está cerca del hoyo, uno se pregunta ¡Caramba! ¿Qué es lo que he hecho con mi vida?  Pero estoy seguro de esto que le digo, ¡nunca! nunca es tarde para cambiar y hacer esfuerzos encaminados a hacer cosas muy significativas en nuestras vidas y de los demás, especialmente para aquellos que están a nuestro alrededor.
El acercamiento es tal, que en forma apresurada antes de abandonar el bus intercambiamos números telefónicos y nos enviamos mensajes como confirmación ya afuera del bus.

Hacia Joateca.
En la ciudad de Gotera, cabecera departamental del departamento de Morazán, la espera es de cuatro horas aproximadamente, tiempo que me permite mirar a los alrededores de la parada en donde tomaría, supuestamente, el primer bus con destino a Joateca.
Después de tomar un café en la gasolinera cercana, preguntando encuentro la parada de buses, que no lo parece, ya que no existe alguna estructura como techo o alguna banca para los pasajeros que esperan.  Pasajeros bajan y suben buses por largo cuatro horas y mi bus no viene.  Durante este tiempo tuve oportunidad de intercambiar palabras con dos profesores de escuela ya en vacaciones.  Pude notar lo bien establecido que está un negocio de distribución de granos próximo a la parada de buses. Ya es muy pasada la hora de mi bus, lo que me parece muy extraño, cuando aparece un bus hacia mi destino.
Mi percepción es que las carreteras hacia todos los pueblos en Morazán son asfaltadas, excepto la de Joateca, mi destino.  Esta carretera es muy irregular y angosta, sinuosa, subiendo, bajando y rodeando las colinas de la zona. La calle es tan angosta que, en la mayoría de sus puntos, los vehículos deben detenerse para dar paso a vehículos que se desplazan en dirección opuesta.  En varios puntos el bus tiene que estacionarse debido a trabajos realizados para mejorarla por la alcaldía de Joateca. Sin embargo, la belleza del paisaje, el olor a pino y el aire puro son suficientes elementos naturales de la zona que atraen la atención y hacen el viaje extremadamente placentero.
Al fin entramos por la calle principal del pequeño y bello pueblo alrededor de las 3pm.  Pasamos el terreno baldío a nuestra derecha, testigo de reuniones de fuerzas rebeldes en la época de la guerra civil, luego el parque central.  El bus se detiene en su meta, a unos 50 metros se puede ver la cuesta de la entrada a la casa de mi destino, luego el portón, y detrás de este, a una mujer barriendo, Terencia. Dirijo mi mirada hacia las otras tres direcciones notando la perspectiva perfecta de las calles rectas adoquinadas.
-Creí que ya no venía, dice Terencia.
-Pues no sé por qué, pero este bus creo que viene atrasado.
-No, no viene atrasado, es que perdió el primer bus.
- ¡Ahh! ¿Cómo así? Si yo estuve pendiente mirando cada bus que se detuvo en la parada, por más de cuatro horas.
-Han estado reparando un bus, dicen, a lo mejor le quitaron los rótulos, o se fue por otro lado.
-A lo mejor, la verdad es que gracias a Dios ya estoy aquí,
-Venga pase adelante, dice Terencia, mientras coloca la escoba a un lado.

Después de los saludos de rigor, Terencia me ofrece alimentos y un café delicioso preparado localmente, y acompañado de pan hecho en casa, ‘rosquillas’. Mientras saboreamos el café, y a pesar que en dos conversaciones telefónicas ya había adelantado un poco, explico a Terencia brevemente las razones de mi visita a Joateca.
-Terencia, vine fin de semana porque nos dará más oportunidad de hablar, pensé que usted está muy ocupada en su trabajo y sus propios proyectos con la comunidad durante la semana.
Con su natural calma, Terencia responde,
-Sí, es algo así don Luis, pero vamos a tener tiempo suficiente de hablar, de eso esté seguro.
- ¡Excelente!  Pero quisiera adelantarle un poco sobre mi venida.  En primer lugar, ver cómo está usted del problema que tratamos el año pasado.
- ¡Ahh! De eso, ni señas don Luis.
-Sí, así veo, hasta rejuvenecida se ve usted, aún más, usted me parece más delgada y energética.
-Creo que he perdido algunas libras, pero hoy me siento un poco cansada.  He estado ayudando a la vecina con la velación de la anciana de la casa que falleció hace poco.
- ¡Ahh!  ¿Si?
-Sí, la Pelona[2] vino al pueblo y no se quiere ir, bastante gente ha muerto, quiero veeer… en los últimos cinco meses como siete personas.
- ¡Huy! Eso no me gusta.
Esbozando una pequeña sonrisa Terencia dice,
-No se preocupe que no creo que la Pelona se quiera ir con usted., aquí se va a quedar.  Parece que le gusta el pueblo.
…Pero a la señora vecina ya se la llevó.  Y con la velación, usted sabe cómo es aquí cuando un familiar se muere, hay que preparar mucha comida para los visitantes, y eso es…. Para toda la noche.
-Sí, ya recuerdo, en mi pueblo es igual, y allá, hasta música tocan en los velorios.
-Mañana voy a madrugar para ver en qué más puedo ayudar.
Luego, Terencia me invita a subir al segundo nivel de una casa cuyas paredes son totalmente de roca para instalarme allí. Luego se retira, diciendo,
-Si necesita cualquier cosa, sólo diga, don Luis, siéntase en su casa.
-Gracias Terencia, muy amable.
Un par de horas más tarde, Terencia, don Tulio y yo saboreamos una deliciosa cena, muy típica de la región: frijoles fritos, huevo frito, queso, crema y tortillas de maíz tostadas. La conversación gira alrededor de mi visita previa cuando acompañaba a mi hermano Angelino el año anterior. En especial recordamos la elaboración de coronas de ciprés para llevarlas al cementerio el día siguiente, Día de los Difuntos[3].
Quisiera aprovechar para decir que mi hermano Angelino es muy conocido no sólo en Joateca, sino en toda esa región.  Él participó en la guerra civil de principio a final con muchas responsabilidades.  Por respeto y seguridad a su persona, no daré detalles sobre su valiosísima participación, pero diré que mi percepción es que él no sólo dejó los mejores años de su juventud en la guerra, sino que salvó muchas vidas.  Sólo agregar que es mi percepción también que, si hubiese habido más revolucionarios de la talla de mi hermano Angelino, otro gallo cantara en El Salvador.

La Casa de Roca.
 Después de cena regreso a la casa de roca, me siento en un asiento de madera en la pérgola y me sumo en reflexiones.  El viento sopla fuertemente como queriendo arrancar el techo de la casa, produciendo silbidos cuando pasa por sus rendijas.  Disfruto el olor del aire puro con aroma a pino. ¡Ah! Este aire es un alimento para mí, pienso, mientras lleno mis pulmones en toda su capacidad.
Con esta solidez es cómo debemos construir nuestra sociedad, pienso.  Educación, sí, definitivamente una buena educación, sólida como esta roca, es la solución para mejorar la calidad de vida de nuestra gente, una educación que desarrolle las habilidades individuales necesarias y que enseñe a pensar, reflexiono. 
Mientras me deleito mirando el horizonte en la distancia, resaltando la belleza del bosque con diferentes matices de su verde obscuro contrastado con el dorado de las nubes y el claro azul del cielo, pienso, ¡Qué belleza!  Pero debajo de esas arboledas tan bellas ¿Cuántos se están yendo a sus camas con su estómago satisfecho? Me pregunto cuando ya algunas luces artificiales aparecen a lo lejos en medio del bosque.
Foto tomada desde la casa de Terencia en Joateca.

Continuo con mi reflexión, en alguna parte de la vista, no muy lejos de aquí, está la frontera con Honduras, pero no la veo.  Todo el paraje se mira igual, la vista es uniforme.  La verdad es que toda la zona no sólo tiene topografía y vegetación similares, sino que raíces culturales también, una misma historia heredada de la colonia española, pienso.  ¿Y cómo es posible que nuestros dos países tienen disputas limítrofes cuando deberíamos ser una sola nación fuerte en todo Centro América?  ¿Cuál es la causa de toda esta división? No sólo divisiones políticas, sino hasta de la familia misma que es la base de toda sociedad.
Estoy tan sumido en mis pensamientos que no me percato que Terencia está frente a mí, me invita al interior del apartamento y empieza a explicar cómo usar el internet.  Explica, que es parte de su rutina diaria chequear por noticias de su familia en el extranjero, para luego investigar temas edificantes para ella y su comunidad.  Gastamos alrededor de unas dos horas, antes de retirarnos a descansar, conversando sobre diferentes tópicos mientras ella me muestra sus lugares favoritos del web.
Es muy notorio para mí, que Terencia ha cambiado mucho en el transcurso de un año.  Ella posee un conocimiento muy amplio y variado de temas relacionados con la naturaleza humana, conservación de los recursos del planeta, y, sobre todo, de cómo servir a la comunidad.

El medio muerto
Muy fiel a su palabra, Terencia madruga el sábado a acompañar y ayudar en la velación de la señora vecina que ha fallecido el día anterior.  El desayuno son tamales[4] enviados por Terencia con una amiga de la velación desde muy temprano, pero ella todavía se queda ayudando a los vecinos.
Luego más tarde, Terencia llega a casa y mientras le acompaño a disfrutar un café muy delicioso, aprovecho para explicar las otras dos razones de mi viaje.
- ¿Cree que haya algunas personas, aquí, que puedan interesarse en aprender algo de lo que yo sé, Terencia?
-Pues yo creo que sí, don Luis.
-Bueno, mire, mientras estaba fuera del país, he pensado que podríamos elaborar un pequeño proyecto de entrenamiento escalonado sobre Medicina Tradicional China, a nivel básico por supuesto.
- ¿Ah ja? Dígame más.
-Me parece que es un sueño, Terencia, pero vale la pena intentarlo.  Si tenemos éxito, esto traería mucho beneficio a la población de Joateca.
Explico a Terencia mi idea de un entrenamiento relámpago inicial y que terminaría con un entrenamiento más formal de un año para un grupo, y de dos años para otro grupo más avanzado, a personas que llenen requisitos básicos de educación formal.  Por supuesto cumpliendo con requerimientos legales en el país, que habría que investigar.  Explico que ya existe una reunión preliminar con el director de una ONG, con la intención de que esta tome el proyecto como suyo.  La ONG proporcionaría no sólo los recursos necesarios para el proyecto, sino que también cobertura legal y de seguridad para los participantes.
-Me gusta la idea, don Luis.
- ¿Segura que haya gente que se interese en esto, Terencia?
-Claro que sí, don Luis.  Mire, si yo ya tengo gente organizada en varios proyectos en la comunidad, sólo es de hablar con ellos.
- ¡Excelente! No sabe cómo me alegra esto.
Terencia recibe una llamada telefónica, observo que ella refleja preocupación en su rostro.  Después de terminar dice,
-Don Luis, vamos a ir a caminar, quisiera que miremos a un muchacho que no está tan bien.
-Está bien, contesto.
-Pues resulta que la historia de este joven, Manuel, es muy triste, don Luis.  Su madre después de la guerra emigró para USA desde donde le enviaba dinero regularmente.  Él quedo pequeño al cuidado de su tía, pero ahora su madre está gravemente enferma y no puede brindarle ese apoyo, ella misma necesita ayuda.  Manuel es ahora un muchacho como de 30 años, no tiene trabajo permanente y ha caído en la bebida.  A veces viene por aquí pidiendo algo de comer.  Él fue golpeado ayer por los soldados y no está bien.  Creo que su golpiza tiene que ver con uno de dos muchachos asesinados recientemente.
No existe ningún médico que ejerza en el lugar, ambulancia mucho menos, la clínica pública del lugar está cerrada, además no abre todos días.  Prácticamente asistencia médica es casi inexistente en Joateca.  En este momento Terencia confía en que yo pueda hacer algo para ayudar a Manuel.  Me siento algo incómodo por no tener la acreditación para atender pacientes, pero al mismo tiempo qué opción tiene Manuel, quizás yo soy la única.  Por otro lado, siento el llamado interior de tratar de ayudar a un ser humano cuando la salud pública es casi inexistente.  Pienso que, con mi entrenamiento, al menos, bien puedo descubrir si Manuel necesitara atención médica de urgencia y talvez trasladarlo de alguna manera al hospital de Gotera.
Como preámbulo de la golpiza de Manuel está el hecho que en los últimos 6 meses han muerto 7 personas en el poblado, la mayoría de muerte natural por edad, pero dos han sido jóvenes asesinados, y soldados y policía locales investigan el asesinato de uno de ellos.  Manuel vive solo en una casita ubicada en una colina, alejada del pueblo.  De noche, él es visitado a veces por miembros de uno de los dos grupos del crimen organizado.  Manuel no puede oponerse a que le visiten por temor a represalias.
Mientras Terencia y yo caminamos por la calle adoquinada, observo que varias veces recoge alguna basura y lo deposita en basureros muy bien distribuidos a lo largo de la calle.  Ella como leyendo mi mente dice:
-Es que queremos mantener la ciudad limpia.  Mire, los basureros son producto de un proyecto con ese fin, pero hay que educar a la gente.
- ¿Y qué más hacen para lograr ese propósito, Terencia?
-Pues también se le paga a una persona para que recoja la basura de la ciudad. Pero como viene gente de todas partes,…
- ¿Y qué le parece si utilizan la radio para hacer una campaña de educación sobre saneamiento? De esa manera talvez varias alcaldías del área podrían pagar una cuña en la radio por un tiempo, y abarcar varias ciudades.  La gente escucha la radio, bien podría funcionarles.
- ¡Sí!, podríamos intentar eso.
Ya fuera de la ciudad, caminamos cuesta arriba en una calle polvosa, yo miro hacia todos lados tratando de reconocer el lugar, Terencia dice,
-No, ustedes no caminaron por aquí el año pasado, ustedes caminaron por aquella otra calle, señalando con su mano.
- ¡Ah! Eso explica, esta calle me parece desconocida.
Llama mucho mi atención como todas las personas que encontramos nos saludan con una sonrisa y muestras de mucho respeto. Además, es obvio que Terencia es muy conocida en la región.
Después de unos 30 minutos, nos detenemos frente a una caza con puertas de hierro.  Terencia toca a la puerta, una señora de mediana edad la abre.
-Buenos días doña Marcelina, dice Terencia, ¿ya está Manuel aquí?
-Pues todavía no, siéntense por favor.  Ya mandaremos a hablarle que venga.
Observo a una mujer joven que lava ropa en un lavadero de cemento, y una niña como de cinco años que anda cerca de ella, quien observa atentamente a los visitantes. Un niño tierno empieza a llorar en un cuarto contiguo, la mujer joven camina a atenderle.  Terencia continua,
-Queremos ver cómo está Manuel.  Este señor, aquí, es como médico y hemos venido para ayudarle. ¿Y qué es lo que pasó doña Marcelina?, pregunta Terencia.
-Pues lo encontraron tirado como muerto en el monte.  Él, cuenta que los soldados lo golpearon, y si la policía no llega quizás lo matan.  Mirá Jacinta, andá decile a Manuel que venga, que aquí esta Terencia que quiere verlo.
Doña Marcelina es la tía quien había cuidado a Manuel desde su infancia después de la ausencia de su madre.
-Pues la Pelona anda merodeando por aquí doña Marcelina. Mire cuanto muerto en poco tiempo.  Y dicen que la María está agonizando aquí cerquita.  Ayer murió mi vecina. Dice Terencia. Luego continúa.
…Pero yo ya le dije al señor aquí que no se preocupe, que la Pelona no lo va a seguir cuando él se vaya, la Pelona se quedará aquí.
Manuel, de alta estatura, tés obscura, cabello negro revuelto y sucio, algo encorvado, entra a la casa con señales obvias de dolor en su cara.  Se observa pálido y muy cansando.  Terencia le pide que se siente, que se quite la camisa para examinarlo.
Nuestro temor es que Manuel tenga alguna costilla fracturada y/o daños internos como resultado de los golpes.  Yo no soy médico de profesión, pero mi entrenamiento está relacionado con salud y tengo conocimiento bastante acertado de la anatomía del cuerpo humano.  Así, procedo a examinar a Manuel empezando por su caja torácica, palpando suavemente reviso costilla por costilla, más respiraciones profundas, movimientos de brazos, movimientos con resistencia, etc.  Manuel siempre insiste en señalar un área muy dolorosa en el pecho al lado izquierdo.  Personalmente estoy interesado también en escuchar la versión de Manuel sobre el incidente.
- ¿Y qué es lo que pasó Manuel? Pregunto mientras lo examinaba.
-Los soldados me tiraron al suelo y me daban patadas en el pecho, aquí mire, eran siete.  Me daban con las puntas de las botas, y me ponían los pies en el pecho.  Creen que soy de las maras, querían que les dijera quien mató al último muerto.  Y si la policía no viene, seguro que me matan.
Noto que Manuel describe este hecho en forma repetitiva, así como el hecho de no tener dinero.
- ¿Y qué has comido Manuel? Pregunta Terencia.
- ¡Nada!, pero estoy cociendo unos frijoles.  Pero sin cinco[5] en mi bolsa, no puedo comprar nada, sólo logré conseguir un poquito de manteca para los frijoles.
- ¿Y has tomado algo para el dolor?
- ¡Si! Conseguí unas perlas para que me saquen el aire, que es lo que me da el dolor.
Yo espero encontrar moretes en el área de los golpes, pero Manuel no muestra alguna marca en la piel, ni dolor al hacer respiraciones profundas, mueve sus brazos sin causar dolor.  Hay dolor solamente al presionar un poco en el pecho por el lado izquierdo.  Me parece que hay algo que no cuadra con la historia.
Aun así, como un procedimiento de rutina, es de enviar a Manuel a tener exploraciones del pecho como rayos x.  Pero el lugar no ofrece las condiciones y él no parece estar tan mal.  Entonces sugiero a Terencia la posibilidad de obtener algún analgésico y antiinflamatorio para Manuel, asegurarse que coma algo nutritivo y descanse, y mantenerlo bajo observación continua por un día.  Y que, si el dolor no disminuye, o empeora, habría que trasladarlo al hospital más cercano.
Terencia está de acuerdo con el procedimiento a seguir.  Doña Marcelina estaría pendiente de Manuel y asegurarse que comiera mejor.  Más tarde el mismo día, Terencia obtiene los analgésicos y los hace llegar a Doña Marcelina para ser entregados a Manuel.  Durante el día siguiente puedo observar como Terencia hace muchas llamadas telefónicas indagando el estado de Manuel, quien ha mejorado.  Además, nos enteramos que María ha fallecido en la madrugada.
Mientras Terencia ultima detalles con Doña Marcelina, yo espero en la sala de la casa.  Observo que las paredes están decoradas con muchas fotos de personas de diferentes edades, desde niños, boda, hasta personas de la tercera edad.  Me llama la atención que la niña de cinco años viene, se acerca, me toma la mano y empieza a darme un tour por la sala mientras me explica quiénes son todas las personas en las fotos.  Luego me saca a la calle polvosa y empieza a mencionar, señalando con su dedo, quienes son sus vecinos.  Dentro de la conversación, hago énfasis en que, al sólo poder, ella debe asistir a la escuela.
Terencia y yo caminamos de regreso al pueblo en silencio, pensando en el evento.
De repente Terencia dice:
-A esa muchacha le fue mal, sólo le pegaron esos dos niños y la dejaron.  No es hija de Doña Marcelina, ella la recogió porque no tiene quien por ella.
- ¿Ah sí?  Otro caso más, una víctima más, pienso, agregando más material a mis reflexiones.  El caso de Manuel ha de ser un caso entre muchos a lo largo de nuestro territorio.  Casos que golpean la conciencia, especialmente cuando los derechos básicos de respeto a la dignidad del ser humano son pisoteados, disque investigando un crimen.  ¿Cuántos siglos serán necesarios para que se dé el cambio de conciencia necesario y el individuo sea tratado con respeto, aunque este haya violado alguna ley del hombre?  Pienso.
Por otro lado, siento mucha tristeza al palpar directamente no solamente la falta de servicios de salud para nuestra gente desposeída, sino el estado de pobreza que va más allá de lo material para muchos, como es el caso de Manuel.  Me preocupa su estado de soledad en su choza y lo expreso a Terencia, indicando que había que estar muy pendiente de ese muchacho.  Mi temor es que en un momento de desesperación hasta intente suicidarse.  Él no tiene nada que perder, está en un estado de extrema pobreza y abandono en unos de los lugares más remotos del país.  Siquiera se pudiera desarrollar algún proyecto para ayudar a personas como Manuel, pienso. Y este punto lo hablamos varias veces con Terencia, quien es un líder de la comunidad.  Un proyecto, pienso, que ofreciera alternativas a todos en el lugar, algún tipo de entrenamiento para desarrollar habilidades que permita, a los jóvenes en especial, obtener alguna ocupación permanente que les permitiera levantar su autoestima, el deseo de vivir, y la satisfacción de ganarse el sustento propio. 
El cuadro viviente que yo acabo de presenciar me permite comprender la razón por la cual Terencia está tan interesada en ayudar especialmente a los jóvenes de la zona.  “…es que los jóvenes tienen un gran potencial, don Luis, sólo hay que darse cuenta de eso, y ofrecerles la oportunidad de desarrollar ese potencial.  Lo que ellos necesitan es dirección nada más …, es una lástima grande que ellos no tienen el apoyo que necesitan, y mire, lo que pasa…”; enfatiza ella, como refiriéndose al caso de Manuel.
Algo muy notable en los residentes de Joateca es su capacidad de sonreír aun a un desconocido como yo y saludar a todo aquel que encuentran en su camino.  Y lo hacen genuinamente con mucho respeto.  Pero lo más notable es su capacidad de compartir, comparten entre los vecinos lo que tienen, un limón, frijoles, entre otras cosas de sus huertos caseros.  Estos son elementos de una verdadera calidad humana de personas viviendo en comunidad.  Qué maravilloso sería que estas cualidades humanas se extendieran a otras partes de nuestro país y aun en todo el mundo.





[1] Deseo hacer notar que las siguientes líneas fueron motivadas por mi sobrino Angelino, hijo de mi hermano Angelino.  Durante mi viaje, que se narra aquí, él estaba muy pendiente de mi persona.  En varias ocasiones me hablaba por teléfono y decía,
- ¿Cómo le va tío?
Espontáneamente yo narraba las experiencias del viaje, a lo que él respondía,
- ¡Tío! Debería escribir eso hombre, así como me lo está diciendo, está muy bonito.
Así que, con mucho cariño, esta historia la dedico a mi sobrino Angelino.
[2] La Pelona es un nombre popular dado al ángel de la muerte.
[3][3] Día de los Difuntos es una tradición muy celebrada en todos los países del mundo hispano.
[4] Es un alimento tradicional de origen Maya, preparado con harina de maíz, carne de pollo, y envuelto en hojas de guineo.  Según la creatividad de quien los hace, otros ingredientes pueden ser agregados.
[5] Queriendo decir que él no tiene dinero.