miércoles, 24 de febrero de 2016

Resumen de la Obra Literaria Agamenón


Por Esteban Balmore Cruz




Autor: Esquilo

Tipo de Obra: Drama

Género: Tragedia

Ubicación: Argos, Grecia (458 A.C.)

Personajes:
Centinela
Coro de Ancianos de Argos
Clitemnestra, esposa de Agamenón
Heraldo, (el mensajero)
Agamenón, rey de Argos
Casandra, hija de Príamo y esclava de Agamenón
Egisto, primo hermano de Agamenón

Síntesis Literaria

Habiendo regresado victorioso de la guerra de Troya, el rey de Argos, Agamenón, es asesinado por su propia esposa Clitemnestra, en complicidad con su nuevo marido, Egisto. Junto a él muere también asesinada Casandra, hija de Príamo, a quien había tomado como esclava concubina.

En el desarrollo de la obra se conoce que la motivación que tuvo Clitemnestra para cometer tan osado crimen fue el asesinato de su hija menor, su favorita Ifigenia, a quien Agamenón ofreció como sacrificio a los dioses para ser favorecido en el desarrollo de la guerra troyana. También se revela que la participación de Egisto en el crimen se justifica en hechos muy graves ocurridos en el pasado: el padre de Agamenón, Atreo, habría expulsado a Tiestes (el progenitor de Egisto), despojándolo de sus derechos ciudadanos. Tiestes habría sufrido mucho durante su exilio y habría regresado suplicando refugio a su tirano hermano; éste habría accedido y lo habría invitado a un banquete de bienvenida. Cuando llegó el turno de Tiestes para sentarse a la mesa, la carne de sus propios hijos le fue servida, lo cual notó al haberla comido, y consecuentemente, vomitado, provocando su justificada ira que lo impulsó a proferir una maldición contra la casa de Atreo.

Contexto Legendario de la Obra

Para comprender el significado de esta reconocida tragedia griega, es necesario conocer su contexto mitológico que tiene que ver con “la maldición de la Casa de Atreo": el fundamento de los males de su descendencia fue obra del mismo Atreo, cuando —para vengarse de su hermano Tiestes— lo convidó a un banquete en el que le sirvió la carne de sus propios hijos. Los nietos de Atreo eran Agamenón y Menelao. La esposa de éste último, Helena, fue raptada por Paris de Troya, lo cual motivó la gran guerra troyana que se prolongó por diez años.

Agamenón, quien estaba al mando de las fuerzas de las naciones griegas en esa guerra, preocupado por la contrariedad de los vientos que retrasaban la partida de la flota militar, fue persuadido por los Clarividentes para que asesinara a su propia hija Ifigenia, y así apaciguar a los dioses. Clitemnestra, la madre de la niña sacrificada, atesoró este error durante los diez años que duró el conflicto y asesinó a Agamenón a su regreso, en el momento en que debía celebrarse la victoria.

Después del crimen, Clitemnestra gobernó triunfante en contubernio con su amante Egisto, hasta que su hijo Orestes, quien había escapado siendo un niño al tiempo del asesinato de su padre, regresa para tomar venganza asesinando a la pareja culpable.

Por este hecho de matricidio, aunque actuó bajo el designio del dios Apolo, Orestes fue cedido a las Furias, condenado a vagar errante por el mundo, loco, hasta que en Atenas, en la colina de Marte, fue sanado y absuelto.


domingo, 14 de febrero de 2016

La Canción del Ratón



Un ratón en la bodega
comía manteca y queso:
tan gordo y lucido estaba
como el buen Doctor Lutero.

Pero un día la criada
le hizo comer un veneno,
y el ratón sintió una angustia
como el amor en el cuerpo.
¡Como el amor en el cuerpo!

Dio vueltas de un lado a otro,
de charco en charco bebiendo,
arañó la casa entera
sin poder hallar remedio;
subió y bajó sin alivio,
chilló, dio saltos de miedo,
porque sentía una angustia
como el amor en el cuerpo.
¡Como el amor en el cuerpo!

Fue corriendo a la cocina,
tropezó y cayó al fuego;
y así se quedó el ratón
tranquilo por fin y quieto.
Y se rió la criada
que le puso aquel veneno:
“¡Ya ha dado las boqueadas
con el amor en el cuerpo!”
¡Con el amor en el cuerpo!

(Canción cantada por Brander en la taberna de Auerbach, en la obra literaria Fausto, de Johann Wolfgang Goethe).


viernes, 12 de febrero de 2016

La Canción de La Pulga




Una vez había un rey
que tenía una gran pulga,
y no la quería menos
que si fuera su hija única.

Un día llamó a su sastre,
con su tijera y su aguja:
“Anda, tómale medidas,
que vista como ninguna”.

De terciopelo y de seda
iba la pulga vestida,
el traje lleno de bandas,
con una Gran Cruz encima,
y pronto empezó a mandar,
y fue ministro en seguida,
y en la Corte, sus hermanas
fueron gente de valía.

Las damas y los señores
de la Corte se quejaban,
la reina y sus camareras
sufrían atormentadas,
pero sin poder rascarse
y sin poder aplastarla.
A nosotros bien nos pican,
pero cada cual se rasca.
A nosotros bien nos pican,
pero cada cual se rasca.

(Canción cantada por Mefistófeles en la taberna de Auerbach, en la obra literaria Fausto, de Johann Wolfgang Goethe).