jueves, 22 de marzo de 2012

Carmen, "La Colocha"



HISTORIAS DE MUJERES GUERRILLERAS

Por Yasser

Murió ahogada en las turbulentas aguas del río Torola en 1988, cuando se disponía a cruzarlo rumbo a San Gerardo, en el norte del departamento de San Miguel, donde trabajaría en lo que a ella más le gustaba: organización de bases de apoyo. Hasta entonces había trabajado como rotuladora en el norte de Morazán, en el Taller Central de Prensa y Propaganda del Frente Nor-oriental “Francisco Sanchez”.

El día que murió era soleado aunque había llovido toda la noche anterior, por lo que el río estaba crecido. Debido a la fuerza de las aguas nadie se atrevió a cruzarlo a nado, ni siquiera los más expertos nadadores que iban en aquella unidad guerrillera. Conocedores de todos los caminos, los “guías” decidieron que no quedaba más alternativa que el “Paso de Agua Caliente”, donde los campesinos que aún habitaban aquellas zonas habían instalado un cable con una garrocha, de un paredón a otro, en una de las partes más estrechas del Torola, conocida como “El Canjilón”.

-¡Que pase Aquino adelante!- gritó el jefe, y el grito se fue reproduciendo hacia atrás de la columna, rebotando de boca en boca.

A Carmen la llamaban “La Colocha”, por su pelo rizado, pero su verdadero nombre era Nuncia. Cuando Hernán conoció (por ella misma) el nombre de pila, se explicó en gran medida el por qué de muchas de las concepciones religiosas y míticas de Carmen. “Sólo unos padres extremadamente católicos pueden bautizar a su hija con un nombre tan feo”, pensó cuando lo supo, aunque nunca se atrevió a expresárselo.

Aquino llegó con su escuadra de combatientes hasta donde estaba el jefe y allí recibió instrucciones para cruzar él primero y tomar posiciones adelantadas al otro lado. Acostumbrados a tales cosas, los combatientes procedieron de inmediato.

-Veinte minutos después que pase el último de mi escuadra, que comiencen a pasar todos- indicó Aquino a su jefe.

Carmen iba en el medio de la columna, donde venía el personal de Servicios y el Mando. Mientras pasaba la primera escuadra a la otra ribera del río, el resto de la gente descansaba a la sombra de los escasos arbustos que podían encontrarse en aquellos ardientes parajes. Carmen se quitó la mochila para descansar sus delicados hombros, aún no hechos a los trajines guerrilleros, pues apenas era la segunda vez que participaba en una marcha de distancia considerable desde que llegó al Frente en 1984, procedente de Nicaragua, donde había trabajado en la organización de refugiados salvadoreños. El día que llegó al pueblecito de Torola causó una conmoción en el puesto de Mando de la zona al desabrocharse el pantalón y arrollarse la blusa para ventilarse el vientre. Varios de los hombres que estaban allí tenían mucho tiempo de no acostarse con una mujer y estaban altamente suceptibles. En aquel momento nadie pudo determinar si se trataba de una provocación o de una muestra de liberalidad formal, puesto que pronto se determinó su concepción conservadora del sexo y las relaciones personales.

Tirando de la punta del cable que sostenía la garrocha, Aquino la desplazó hasta el paredón de "abordaje"; trabó una pierna en una especie de lazada y comenzó a transportarse por el aire, con todo lo que llevaba encima: fusil, equipo, mochila. Diez metros abajo, las aguas violentas del río estallaban en los peñascos y paredones  con un estruendo de aviones bombarderos.

-Al nomás que yo llegue allá sigue el otro- gritó ya sobre la marcha.

El vértigo era una de las debilidades de Carmen. Cuando pasaba por la pasarela que había en los alrededores de la Universidad Nacional en San Salvador, nunca volvió la vista hacia abajo, y siempre caminó al centro, enteramente consciente de que al hacerlo por la orilla o caer en la tentación de observar a los vehículos transitando bajo sus pies, podía costarle la vida. En el Frente, cuando se reencontró con Sabino (su novio en Nicaragua) fueron juntos a conocer los barrancones de El Tancho, lugar muy famoso en la zona de Torola, porque allí fue donde la Guardia Nacional y las patrullas paramilitares lanzaban los cadáveres de sus víctimas, con la plena certeza de que nunca nadie los podría rescatar. Ella no tuvo el valor de asomarse como lo hizo Sabino, quien terminó sentándose en el filo del abismo para fumarse un cigarrillo, sordo e impávido ante las súplicas desesperadas de ella, que le pedía en nombre de todos los santos conocidos y desconocidos, incluso por amor a la revolución, que no lo hiciera; pero él, sonriente, estuvo allí hasta que terminó de fumar y ver desaparecer en el precipicio la colilla que lanzó al fondo con un gesto de victoria.

Pocos días después de su llegada, Carmen fue asignada para trabajar en el pequeño taller zonal de propaganda contra su gusto y voluntad. "Yo he estudiado arquitectura y he trabajado como activista en Nicaragua", decía cada vez que podía, agregando que no sabía nada de volantes y afiches. "No entiendo por qué no me dejan trabajar en lo que yo quiero y más puedo, habiendo tantas necesidades en ese terreno", se quejaba con una especie de indignación benigna, porque nunca se lo dijo a nadie que realmente pudiera tomar decisiones sbre su ubicación. En ese trabajo fue que conoció a Hernán, guerrilero de finos modales que trabajaba en la radio guerrillera, y que contínuamente llegaba al tallercito de propaganda para conversar con el responsable, un poeta obsesivo que pretendía tapizar con volantes incendiarias toda la zona de influencia que le correspondía a la estructura político-militar de Torola. Por aquel entonces ella tenía muchas dudas sobre las perspectivas de su relación con Sabino, debido más que todo a las diferencias en los códigos de comunicación de cada uno: ella era universitaria crecida en la ciudad, mientras que él era un campesino que apenas había aprendido a leer ya estando en la guerrilla. Por el contrario, Hernán era un hombre que había viajado por el mundo, profesional en cinematografía, conocedor de todos los vericuetos de la vida.

Aparte de la espesa barba y el pecho peludo, lo que la deslumbró de Hernán fue la fluidez con que manejaba el lenguaje cuando le escribía cartas de amor fervorosas, las cuales la llevaron a tomar la decisión de romper con Sabino y aceptar la apasionada propuesta de un amor desenfrenado que insistentemente le presentó el editorialista de la radio. Cuando eso ocurrió, Hernán se las arregló para que la trasladaran al Taller Central de Prensa y Propaganda, el cual estaba a pocos pasos del campamento de la emisora. "Este amor entre las piedras será uno de los más históricos del Frente", le dijo la primera vez que ella accedió a recibirlo entre sus piernas. "Ojalá", dijo Carmen sumiéndose en los exquisitos vaivenes del placer que otorga la experiencia en el sexo.

La escuadra de Aquino tardó menos de quince minutos para pasar al otro lado del río. Después de los veinte minutos adicionales convenidos, toda la gente se comenzó a movilizar para abordar la garrocha y hacer la travesía como en un teleférico. El propio jefe de la columna se dedicó a ayudar a los más tímidos a engancharse en la lazada del rústico y desconfiable aparato de transporte.

- ¡No se amontonen! ¡Vamos uno por uno!- ordenaba con su voz rígida.

Entonces fue que Carmen comenzó a temblar. Ella había pensado en lo bello que sería hacer la revolución a costa de cualquier sacrificio, pero jamás honestamente pensó que alguna vez tendría que cruzar un río como el Torola en invierno, y en aquellas condiciones. Por primera vez en el frente de guerra experimentó el presentimiento de que iba a morir de una forma trágica, lamentable para alguien que se ha jugado la vida contra un aparatoso ejército, con todo y sus escuadrones de la muerte, por unos ideales enteramente justos.

Volvió a sentarse, esta vez cerca de donde sus compañeros se agrupaban para trepar a la garrocha. El paso era lento y el tiempo comenzó a correr rápidamente. La película de su vida transcurrió a todo color por su mente. Vió su pueblo natal y su infancia en Sonsonate; sus padres educándola con la ilusión de que algún día llegaría a ser monja; las misas solemnes de los domingos; el colegio de niñas, la Universidad, las movilizaciones estudiantiles, la represión y el exilio. Vió a Sabino, el único hombre sincero que conoció en la vida. Lástima que Sabino no estaba allí para ayudarla a salir de aquella dificultad como muchas veces lo había hecho en otras situaciones. Vió a Hernán burlándose eternamente de su idealismo, al haberse dejado embaucar con la promesa de un amor inexistente, con el proyecto de una relación perdurable, que en realidad se terminó dos meses después de haberse iniciado, cuando él logró su propósito: que su anterior compañera, su "auténtica" amada, la que lo había cambiado temporalmente por un joven combatiente, volviera tocada en su amor propio a buscar el refugio cabelludo de sus brazos, de modo que se cumplió la sentencia bajo la cual dictaminaba el comportamiento de las hembras: "La mujer es como el perro: reconoce el terreno donde mea".

Sigue usted Carmen. ¡ Apúrese!

La voz del jefe cortó la película. Carmen se trabó la mochila, se terció el fusil y, asiéndose con las dos manos del cordel colgante de la garrocha, metió la pierna en la lazada, comenzando a desplazarse. Todos los guerrilleros y guerrilleras estaban optimistas de poder realizar la hazaña, y lo demostraban con gritos y risas, preparándose para hacerlo. Pero todo el mundo enmudeció cuando Carmen se zafó del cable y calló en las enfurecidas aguas del río.

Nadie la volvió a ver jamás, ni se supo nunca de algún acto donde alguien haya gritado su nombre para que las columnas guerrilleras contestaran tres veces "¡PRESENTE!". Lo que sí se conoció fue de un hombre que anduvo con algunos campesinos buscando su cadáver por todo el río hasta llegar al Lempa, sin poder encontrarlo. Quizás fue el único que realmente la amó.

miércoles, 21 de marzo de 2012

Elecciones en El Salvador


Elecciones de alcaldes y diputados en El Salvador.
El Por qué de los Resulatados.

Por Baneste

ANÁLISIS OBJETIVO.

Los resultados son:

ARENA (Nazis): 33 diputados.
FMLN (nueva buro-burguesía) 31 diputados.
GANA (nazis en proceso de humanización) 11 diputados.
CN (narco-nazismo recalcitrante) ¡6 diputados!
CD (no-comment) 1 diputado.
PES (nazi-variación extinguible) 1 diputado.

Nuestro heróico pueblo salvadoreño no estuvo representado en las opciones de la pachanga electorera.
Aunque usaron todos los recursos extraídos del mismo pueblo para confundir, engañar, sobornar, etc., el resultado más importante es el abstencionismo. Esa es la verdadera fuerza.

¿Volveremos a tomar las armas como tantas veces en nuestra historia?
¿Continuaremos con el proceso irreversible de extirpación de ese cáncer indo-anglo-europeo que nos ha infectado?
¿Volvermos a ser nosotros los aborígenes cuzcatlecos que derrotaron a las tropas de maleantes españoles aliados con miles de traidores chapines en Acaxualt?

Nosotros somos nosotros. Como la Febe Elizabeth Velásquez, como Marcial, como Mélida Anaya Montes, como Roque Dalton, como Salarrué... Como Chepe, como Juan. Nosotros somos tercos y jamás nos vencerán.

lunes, 5 de marzo de 2012

El Ex-guerrero

De la colección Poemas Negados de un Frente de Guerra:

EL EX-GUERRERO

Por Yasser (1993)

Viene de donde no muchos pueden venir
(y nadie puede aseverar que esto sea un privilegio)
experimentó el juvenil fuego corazóneo
que impele al disparo
ciegamente obedeció también las órdenes
de los más astutos cuestionadores de la historia.
Soportó el frío el sol el hambre
aferrado de las siglas
a las que llegó gracias al orgullo
del macho cabrío.

Pereció varias veces muchas tantas
izando al fragor de los tiempos difíciles
esa bandera a la que hoy
masivamente
el Minotauro se enfila.
Lloró a solas como un pobre perro en las noches de fantasmas.
Ahogó sus penas
untando de aceite un fusilito.
Lamió los caminos
de púrpura teñidos de aquellos muertos
suyos míos nuestros
que todo el mundo ignora.

Ahora helo allí condecorado
con todos los títulos siniestros que le confirió
el Supremo Ideológico
la Vaca Sagrada
de las cinco patas.