jueves, 14 de diciembre de 2017

Resumen de la Obra Literaria Flor de Mayo



Por Esteban Balmore Cruz



Autor: Vicente Blasco Ibáñez (1867-1928)
Tipo de Obra: Novela.
Género: Realismo.
Ubicación: Comunidad costera del Cabañal en la ciudad de Valencia, España, a finales del siglo XIX.
Personajes principales:
Pascual, también llamado el Retor.
Tonet, hermano de Pascual.
Tona, madre de Pascual, Tonet y Roseta.
Borrasca, viejo marinero patrón de barcas, maestro de Pascual.
Dolores, la esposa de Pascual.
Rosario, esposa de Tonet.
Mariano, primo del difunto esposo de Tona.
Pilores, veterana pescadera (revendedora de pescado).
Roseta, hermana menor de Pascual y Tonet.
Martínez, el joven apuesto carabinero amante de Tona y padre de Roseta.
Basile, el más veterano marinero y pescador del Cabañal.
Pascualet, el pequeño hijo de Dolores.

Esta obra narra la historia de una familia de pescadores. Recrea la forma de vida de una comunidad de la ciudad de Valencia, España,  que vive principalmente de la actividad de pescar. Describe las condiciones de vida de los pescadores y sus familias, y la forma en que se obtenía y comercializaba el producto de la pesca en esa urbe a finales del siglo XIX.

Resumen

El avezado marinero pescador Pascualo fallece durante una borrasca en un día de pesca, y su cadáver es encontrado en su dañada embarcación que termina encallada en la playa del Cabañal. Con su muerte deja en el abandono a su esposa Tona y sus dos pequeños hijos; uno, llamado como él, Pascual; y el otro, Tonet, que es ocho años menor que su hermano. Durante algunos pocos meses algunas personas bondadosas de la comunidad se compadecen de la viuda y la ayudan económicamente con la manutención de sus hijos, pero pronto se olvidan de ella y ésta empieza a pasar serias dificultades. Amenazada por el hambre busca y obtiene el apoyo de un primo rico de su difunto esposo, y con un préstamo, convierte la barca encallada en la playa en una taberna, y la acomoda para habitarla con sus hijos. Ante el asombro de sus vecinos, su negocio prospera y logra hacer mejoras en la estructura y en su condición de vida.

Por ser ocho años mayor que su hermano, Pascual cuida de él como si fuese una madre, puesto que doña Tona emplea su tiempo en la atención del negocio. Desde chico, Pascual muestra una gran inclinación por la vida en el mar, en tanto Tonet es muy dado al ocio y la vagancia. El hermano mayor se hace aprendiz de pescador y a la larga termina siendo uno de los más buenos; pero en cambio Tonet comete pilladas, llegando hasta hurtar producto de los pescadores.

Rozando sus cuarenta años, doña Tona se enamora de un joven apuesto carabinero que frecuenta diariamente su establecimiento, con quien termina consumando una relación amorosa. Al darse cuenta que está embarazada, la viuda presiona a su amante para que se case con ella, pero éste la elude mintiéndole en relación a una supuesta dificultad en la obtención de sus documentos personales necesarios para el matrimonio y termina convenciéndola de la necesidad de ir personalmente a Huelva (de donde es originario) para obtenerlos. Tona le entrega los ahorros que ha logrado juntar producto de su negocio y el carabinero se marcha para nunca más volver. Resultado de esa truncada relación nace una hembrita, a quien doña Tona bautiza con el nombre de Roseta.

Convertido en pescador de los mejores, el Retor apoya económicamente para el sostenimiento de la familia, mientras que Tonet se convierte en mujeriego y se dedica a la bebida, gastándose en licor lo poco que gana empleándose ocasionalmente. No obstante, por ser bien parecido, de complexión atlética y extrovertido, el hermano menor goza de la admiración de las mujeres; y una de ellas, Rosario, heredera propietaria de una tienda, termina enamorándose perdidamente de él; aunque es otra, Dolores, una pobre pero atractiva revendedora de pescado, quien logra conquistarlo, convirtiéndose en su novia. Esta situación deriva en una reñida disputa entre ambas mujeres que llegan hasta liarse a los golpes, siendo contenidas únicamente con la mediación oportuna de la vieja pescadera Pilores, quien ejerce influencia sobre ambas.

Próximo a convertirse en vago empedernido, Tonet decide enlistarse en la marina y se ausenta por algunos años, viajando por varios países. Durante ese tiempo, Pascual se enamora de Dolores y se casa con ella, mejorando la situación de vida de ambos con su unión.

Al volver Tonet, convertido en un hombre un poco más centrado, es convencido por doña Tona de casarse con Rosario, que no es muy agraciada físicamente, y él, interesado en los bienes de la joven, accede y se produce el matrimonio. Esta relación es accidentada desde un inicio y Tonet solamente está contento gastándose el dinero de su esposa visitando las tabernas e involucrándose con otras mujeres. Al acabarse el dinero y la tienda, víctima de violencia doméstica y obligada por la pobreza, Rosario se convierte en vendedora de pescado, de las más pobres, y su esposo continúa su vida de holgazán y bohemio con los pírricos ingresos que ella obtiene con grandes sacrificios en su nueva actividad. En este periodo Tonet empieza a frecuentar más asiduamente la casa de su hermano, y todo el vecindario, excepto Pascual, observan demasiada intimidad entre el joven aventurero y su cuñada Dolores, quien meses después da a luz un hijo al que llaman Pascualet.

Convencido de que con el trabajo honrado nunca podrá prosperar como él desea, Pascual decide aventurarse en una operación de contrabando en la que invierte todo su capital. Con el apoyo y la asesoría de su rico tío Mariano, quien amasó su riqueza desarrollando ese tipo de actividades, realiza un viaje a la costa de Argel, de donde transporta –no sin dificultades– un considerable cargamento en su desgarranchada barca llamada La Garbosa, la cual queda inservible después de la operación. Con las cuantiosas ganancias obtenidas, el Retor manda a construir una nueva embarcación, la mejor de todo el Cabañal, nombrándola Flor de Mayo, convirtiéndose en patrón, aunque la felicidad que esto le produce le dure solo una salida. Y es que en su primera salida como propietario y patrón de barca, el Retor no puede contar con la compañía de su hermano, quien finge estar golpeado de un brazo para quedarse a solas con Dolores.

Al volver después de dos días de pesca, y luego de haber distribuido el producto, Pascual recibe en las cercanías de donde está anclada su barca, la visita de Rosario, quien despechada por los engaños y golpizas de su marido, le confiesa que Dolores mantiene una relación con su hermano, y que el niño Pascualet es hijo de éste y no suyo como él cree, por lo que es objeto de la burla de toda la gente del Cabañal. Aunque el Retor se niega a creer esto, la duda lo lleva a su casa, en donde no lo esperan, porque más temprano ha dicho a Dolores y Tonet que va a pasar la noche en la embarcación para preparar la salida del siguiente día. Al llegar a su vivienda, pasada la medianoche,  golpea con fuerza la aldaba de la puerta; pero se aterra cuando oyen que los vecinos están abriendo sus ventanas y corre a ocultarse en una calleja desde donde puede ver la entrada de su casa.

Después de larga espera, alguien sale sigilosamente de su casa; pero al acercarse para confrontarlo, el hombre huye a la carrera, y gracias a su mejor condición atlética, escapa la persecución de Pascual, quien sin embargo lo reconoce como su hermano Tonet. Después de deambular por las calles desiertas, el Retor llega a la taberna de su madre y se emborracha, y luego se va a su barca en donde encuentra a Tonet. Pese a la oposición de todos los demás pescadores que consideran inapropiado salir de pesca por la inminencia de una tormenta, Pascual ordena la salida de su embarcación y se adentra en el mar, seguido por algunas otras pocas embarcaciones.

La tormenta se desata y las olas crecidas y violentas golpean la embarcación. Los tripulantes van muriendo uno por uno y cuando ya solo quedan Pascual con  su hermano y Pascualet, este último el pequeño que ha sido embarcado como grumete, Tonet se apropia de un salvavidas que doña Tona le había regalado al Retor y muestra indicios de querer lanzarse al agua sabiendo que es excelente nadador. Al observar esto, Pascual se enfurece y apuñala a su hermano matándolo en el acto, y luego equipa a Pascualet con el salvavidas, lanzándolo al agua con la intención de salvarlo, pues la playa está cerca. Momentos después la embarcación choca contra unos peñascos y Pascual muere. El agua arrastra hasta la playa el cuerpecito inerte de Pascualet, y doña Tona y Dolores lamentan la tragedia en que perecen los tres varones de la familia; en tanto Rosario, confundida entre la muchedumbre que ha presenciado la desgracia, se compadece de su cuñada y en sus adentros la perdona.


lunes, 11 de diciembre de 2017

El Dinero Espiritual Chino


Una creencia que resulta demasiado extraña.



En una visión tradicional china de la vida después de la muerte, las almas de los difuntos continúan desarrollando muchas de las mismas actividades a que sus homólogos vivientes se dedicaban y que habían visto antes de morir. Por ejemplo, estas almas continúan comiendo, bebiendo, usando ropa, leyendo libros, practicando deportes, asistiendo a fiestas, etc. Para ayudar a asegurar que pueden hacer lo que quieran, sus parientes que aún viven pueden intentar enviarles regalos, incluyendo dinero. Normalmente esto no es dinero real, sino que es un "dinero espiritual", especial, que supuestamente se puede usar para transacciones en la vida del más allá. Este dinero especial es "enviado" a las almas de los muertos quemándolo, pues se piensa que el fuego transforma un objeto tangible en nuestro mundo en un objeto espiritual correspondiente en el otro mundo. Después de que las almas de los muertos reciben este dinero, pueden usarlo para comprar las cosas que necesitan para hacer su vida de ultratumba más agradable.

El dinero espiritual es también llamado "dinero del infierno" y "dinero del cielo". El uso de estos otros nombres se produjo porque muchos chinos malinterpretaron las enseñanzas de los primeros misioneros cristianos, y pensaron que el infierno y el cielo eran nombres ingleses para su propio mundo imaginado del más allá. El error fue finalmente reconocido, pero sólo después de que los nuevos nombres eran de uso común.

La mayoría del dinero espiritual tiene la forma de un billete de banco impreso o una factura de papel. Viene en varios tamaños y denominaciones, y muchos de los diseños son muy elaborados y coloridos. Algunos de los billetes tienen denominaciones que equivalen a miles de millones de dólares, lo que sugiere que los precios en la vida de ultratumba podrían ser muy elevados.

La gente en China intenta a veces enviar otras cosas además del dinero a las almas de parientes muertos. Para ello queman réplicas de papel de artículos tales como ropa, relojes, coches e incluso casas. Se cree que el alma de un pariente fallecido recibe el objeto real cuando se quema la réplica de papel. Algunos chinos modernos han utilizado incluso este método para tratar de enviar tarjetas de crédito a las almas de sus parientes muertos.

(Traducido por Baneste, del libro electrónico Weird Beliefs, del autor Barry Wilson)
 

sábado, 9 de diciembre de 2017

Rimas Amétricas (VIII)





Rima del Borracho

Por Baneste


Todo empieza con la primera copa,
la que marca el inicio de la juerga;
la que indica que algunos de la tropa
volverán a sus casas bien a verga.

El motivo puede ser cualquiera:
la pérdida o el gane de un partido.
Las razones encuentra dondequiera
el llamado "borracho empedernido".

Si muere o nace una criatura;
si enferma o sana algún vecino;
el beodo a ingerir se apura
lo que adquiera, alcohol o vino.

Y qué más trágico suceso
que el rechazo de la bella amada:
el bohemio bebe hasta el exceso
aunque ello le sirva para nada.

Ya sea en un entorno urbano;
ya sea en uno más bucólico;
si hay alguien que beba sin desgano,
no es otro que el abatido alcohólico.

Y puede tomarle muchos años
poner alto a su insana condición,
y aún más el reparar los daños
que ha causado su fatídica adicción.

miércoles, 6 de diciembre de 2017

¡Adiós Televisor!


Por Baneste 
 
By ©noisytoy.net - Own work, CC BY-SA 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=31849551


En el pueblo donde nací, la mayoría de sus habitantes se dedicaban a la agricultura, siendo la mayor parte de familias muy pobres; los hombres desempeñándose como jornaleros, y las mujeres dedicándose a las tareas domésticas. Se desconocían los electrodomésticos, siendo muy pocas las casas que contaban con refrigerador, y muy contadas las que disponían de un televisor. Las cuatro o cinco familias que poseían esos aparatos eran consideradas las más ricas de aquella villa y gozaban de la admiración de la gente.

Algo muy interesante que se daba en esa población en esa época (estoy refiriéndome a las décadas de los años 60-70 del siglo pasado), era que aquellos pocos que tenían televisor permitían a quienes no tenían ver algunos programas, sobre todo los que se transmitían en horas vespertinas y horas tempranas de la noche; es decir, a partir de las seis de la tarde. La manera en que esto funcionaba era que a algunos pocos espectadores se les permitía ingresar a la sala donde estaba instalado el televisor, mientras que el resto se agrupaba afuera de la puerta que estaba bloqueada por una baranda y desde allí fijaban sus miradas en el mágico aparato. Las series más gustadas en ese tiempo, cuando la televisión a colores no existía (era en blanco y negro) eran “Combate”, basada en la Segunda Guerra Mundial; “Bonanza”, sobre las aventuras de unos vaqueros; “Rin-tin-tín”, que era sobre un estupendo perro; las películas de Tarzán; todas producciones de Estados Unidos; y la más gustada de todas por la audiencia infantil: “Lucha Libre”, en donde además de los técnicos y rudos luchadores nacionales “Águila Migueleña”, “El Bucanero”, “The Tempest” y “Sordomudo Cruz”, desfilaban los aclamados mexicanos, entre los que destacaba “El Santo”, el enmascarado de plata. En ese tiempo las telenovelas no se habían arraigado tanto y eran predilección más que todo de la audiencia femenina. El compartir de este privilegio quizás era posible porque el pueblo era pequeño y las familias se conocían desde tiempos muy remotos, se tenían mutua confianza independientemente del estatus económico, y podríamos agregar, se tenían también cariño.

Como todo, la televisión evolucionó y se expandió su distribución; surgieron más canales de transmisión y aumentó la variedad en los programas; aparecieron los noticieros y algunos shows producidos localmente. La situación se invirtió; llegó el tiempo en que lo raro era encontrarse con casas que no estuvieran equipadas con un televisor; el gobierno militar implantó la televisión educativa fundando dos canales que transmitían contenido didáctico dirigido a los estudiantes del plan básico, algo importado de Japón. Hasta en los míseros tugurios de las ciudades grandes las champas de hojalata, plástico y cartón podían estar desprovistas de lo básico para vivir, pero en sus techos construidos de materiales misceláneos destacaba como un símbolo del progreso una antena de televisión, y adentro de la covacha se amontonaban los niños semidesnudos y barrigones junto a los adultos harapientos y con signos de desnutrición grado dos al frente del maravilloso televisor. La implantación del consumismo como una de las características principales de la sociedad capitalista alcanzaba a todos, sin distinción del estatus social, a diferencia de la justicia y la distribución de la riqueza que no rozaba a los más desposeídos.

Los canales locales pasaron a ser como apéndices de las grandes corporaciones televisivas de países que descollaron como los mayores productores de series, shows y telenovelas con contenidos banales que eran el deleite de las audiencias semianalfabetas, no solamente de El Salvador, sino de todo el subcontinente latinoamericano. La escasa producción local se reducía a los noticieros cortos, algún show de variedades los fines de semana y la transmisión de algún evento deportivo, sobretodo fútbol, aunque en esto último posteriormente se priorizó la reproducción de las grandes ligas del balompié europeo, particularmente la española, con la perspectiva de crear consumidores entre la población aborigen de insumos deportivos de fabricación europea. Este era el tiempo de la televisión análoga gratuita, que el espectador pagaba solamente tolerando los constantes anuncios comerciales que interrumpían con mucha frecuencia el disfrute de la programación.

Después vino la televisión por cable y la satelital, aumentando enormemente la cantidad de canales que se podían sintonizar a cambio de una cuota mensual no insignificante. Las compañías de la televisión por cable ofrecían sus paquetes a la audiencia organizándolos de tal manera que los canales más interesantes no se podían obtener en el servicio básico, el más barato, y era necesario adquirir alguno de los paquetes más caros para poder acceder a una programación apetecida. Este abuso al consumidor se ha extendido por muchos años y las compañías de cable solamente están presenciando el final a sus malévolas prácticas comercializadoras con el surgimiento de la televisión por internet, la web TV y el arraigo de sitios de distribución de materiales audiovisuales tales como YouTube.

En Estados Unidos la televisión tradicional todavía tiene una considerable base de consumo, principalmente entre la población más adulta, la que menos contacto hace con las nuevas tecnologías, pero en comparación a décadas pasadas, esa base ha sufrido reducciones severas. Las nuevas generaciones prefieren usar sus computadoras, teléfonos celulares, laptops, tabletas digitales u otro tipo de consolas para acceder a contenidos de video, ya que estos medios les permiten más libertad a la hora de seleccionar lo que desean ver, contrario a la televisión que impone una programación restringida, obligando a la audiencia a conformarse con lo que los propietarios del canal deciden que se vea.

En mi caso particular hace varios años percibí que la televisión carecía de interés y más bien me resultaba un medio que era utilizado para desinformar, tergiversar la información y la historia, mentir sobre sucesos de los que el espectador no tenía conocimiento por otra fuente, presentar materiales cuyo contenido buscaban como último objetivo la estupidización de las audiencias. Pronto me di cuenta que aunque tuviera televisión por cable, con un paquete enorme de canales, no contaba con el tiempo ni el interés para verlos todos, y que entonces resultaba muy caro la cantidad que pagaba por sintonizar lo muy poco que me agradaba de dicho paquete. Pude observar que los canales que transmitían materiales un tanto interesantes por ser educativos, tenían una producción muy limitada y bien pronto empezaban a repetir una y otra vez la retransmisión de sus producciones.

Así fue que cuando me familiaricé con los sitios de distribución de video en internet, decidí deshacerme del televisor, aparato que abandoné en un recodo del pasillo de la planta del edificio de apartamentos donde resido, y muy pronto desapareció, ya sea que lo recogió el personal de limpieza o alguien que carecía de uno. Aunque he perdido casi por completo el interés como espectador de vídeo, incluyendo las producciones cinematográficas, cuando deseo ver algo accedo a internet y lo busco en los sitios más populares de distribución. De modo que hace más de cinco años me uní a muchas personas que lo habían hecho antes y otras que lo han hecho después, y junto a ellas dije “¡adiós televisor!”